Cambiar de pareja

HACE UNAS SEMANAS un amigo me llamó triste para decirme que alguien que ambos conocemos se había separado. Nadie había visto en esa pareja que las cosas funcionaran tan mal y parecían la típica pareja de película: los dos jóvenes y guapos, con una buena casa, una estupenda posición económica y dos niños preciosos. Parece que uno de los dos decidió cambiar de pareja, no es algo tan extraño y, por supuesto, no se trata de una desgracia. 

CONTENIDO DE ESTE ARTÍCULO
1. ¿Por qué pensamos que cambiar de pareja es algo necesariamente negativo?

2. Las personas sí cambiamos

3. Los hijos en una ruptura

4. Recuperar la soberanía emocional: «el locus de control interno»

1. ¿Por qué pensamos que cambiar de pareja es algo necesariamnte negativo?

Este amigo que se había separado me dijo ayer mismo cuando lo llamé, que las cosas se habían deteriorado mucho los últimos dos años aunque, desde fuera, nadie percibiera nada. Cada uno parecía tener metas diferentes y consideraron oportuno poner fin a la relación de doce años porque ninguno de los dos era feliz al lado del otro. «Somos dos personas adultas y creemos que lo mejor para nosotros y para nuestros niños es tomar caminos diferentes». Me pareció genial su respuesta porque no traumatizó en absoluto.

Mucha gente viene a verme porque quieren recuperar a su pareja tras una infidelidad, o porque después haberles pedido el divorcio se han dado cuenta que pasaban mucho tiempo en el trabajo desatendiendo a su familia. Romper tu relación de pareja puede ser un trauma (lo veo a diario en mi consulta) si se rompe sólo por una parte. Pero no lo es si el divorcio llega con un acuerdo de las dos parte, algo que ocurre con mucha más frecuencia. De hecho, en España y según las estadísticas de 2014, casi el 50 por 100 de las pareja no llegan a los 10 años.

2. Las personas sí cambiamos

La gente evoluciona, cambia, descubre en sí misma nuevos proyectos en los que tal vez su pareja no quiere o no puede entrar, y no por eso quiere frustrarse. Hace un siglo (o menos), desgraciadamente, las mujeres eran todas dependientes económicamente primero del padre y después del marido, y esa circunstancia les obligaba a mantener la relación eternamente. Si la situación entre ambos era buena la vida era agradable, pero era horrible si sus personalidades estaban encontradas. No quiero ni imaginarme tener que estar toda mi vida al lado de alguien que no soporto: es poco menos que una condena.

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Los cambios nos obligan a adaptarnos y a conocernos mejor. Una persona afortunada es aquella que ha tenido que luchar por todo lo que tiene. 

Hoy, afortunadamente,  eso no ocurre y los hombres y las mujeres son independientes pudiendo con ello hacer con sus vidas lo que consideren oportuno. ¿Por qué voy a estar con alguien que no apoya mi proyecto de vida? ¿No es mejor separarse a estar frustrado toda la vida? Podemos pensar que si nos separamos no encontraremos otra pareja o que nos da pereza tener que salir a ligar como cuando éramos adolescentes.

Es posible que no encontremos a nadie después de separarnos y estemos arrepentidos durante toda la vida. Es posible también. Pero la seguridad es totalmente estéril porque si siempre hacemos lo que siempre hemos hecho no dejaremos de ser lo que somos. La vida es cambio, es proyecto, es movimiento… nada es para siempre. Cuanto antes aceptemos esto mejor. Por eso, si no estamos bien con nuestra pareja lo más sensato es hablar y llegar a un acuerdo. Pero seguro que llegado a este punto estás pensando “¿y los hijos qué?”

cambiar de pareja

Todos cambiamos: la vida es cambio. ¿Crees que eres la misma persona que hace cinco o diez años? 

 

3. Los hijos en una ruptura

Los hijos en una ruptura de pareja pueden, efectivamente, ser víctimas; sobre todo si uno de los padres los utiliza en contra del otro. Pero si nos proponemos hacer las cosas bien, con calma, siempre dialogando y poniéndonos en la piel del otro olvidando rencillas y venganzas, las cosas para los niños no tienen por qué ser traumáticas. Hay que explicarle al niño que sus padres le quieren igual aunque ahora van a vivir en diferentes casas.

En realidad siempre que un niño sufre la ruptura sentimental  de sus padres es porque uno de ellos (queriendo o sin querer) le trasmite la rabia y la angustia de la separación. Creo que en un proceso de separación con hijos, éstos son la parte más delicada y por ello ambos progenitores deben de cuidarse mucho de que no sufra lo más mínimo. Todo es posible si de verdad lo deseas.

Para que una separación no sea traumática para ellos, es vital:

  • Mantener el diálogo: Explicarles con claridad que el amor de los padres hacia ellos es inamovible.

  • Evitar la triangulación: Nunca utilizar al niño como mensajero o confidente de la rabia contra el otro progenitor.

  • Cuidar la estabilidad emocional: Los adultos deben gestionar su propio duelo para no transmitir angustia a los más pequeños.

Si los padres están bien, los hijos terminarán estando bien. La clave es la calma y la empatía.

4. Recuperar la soberanía emocional: «el locus de control interno»

Se llama «locus de control» a lo que pensamos que gobierna nuestra vida. En la entrada, Psicologia de la indiferencia se habla también de este término. Se trata de ser consciente de que el control de nuestra vida está en nosotros mismos, y no en tu ex pareja o en el Karma o el Destino. 

Es importante recuperar tu soberanía emocional y el locus de control interno, pues es fácil caer en el error de pensar que nuestra felicidad depende de lo que haga o deje de hacer el otro. Si crees que tu felicidad depende de otra persona, sitúas el control de tu vida en manos de otra persona. 

La verdadera recuperación comienza cuando comprendes que tu bienestar es tu responsabilidad. Al aplicar el silencio digno y centrarte en tus propios proyectos, dejas de ser una persona reactiva para convertirte en el arquitecto de tu nueva vida. La indiferencia bien entendida no es odio, sino la demostración de que tu paz mental no es negociable ni depende de la presencia de nadie.

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