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Etapas de una relación de pareja

TODO LO QUE acontece en la vida de los seres humanos van cambiando, como vamos cambiando nosotros mismos. Recuerda cómo eras tú hace cinco años y compáralo con lo que eres ahora. Sin duda has cambiado, has aprendido y has madurado en muchos aspectos de tu vida. Las relaciones de pareja, como cualquier producto humano, no son una excepción. Las relaciones de pareja van superando fases, si bien estas etapas no se superan (no se dejan atrás) sino que se van acumulando. Estas etapas pueden variar dependiendo de la edad en la que nos enamoramos: no es lo mismo enamorarse a los 25 que a los 40. Pero todas ellas siguen un mismo patrón, que es el que he querido reflejar aquí.

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1. El enamoramiento

La primera fase es la de las mariposas en el estómago. El sociólogo italiano Francisco Alberoni, autor de Amor y enamoramiento, dice que enamorarse es un movimiento, una pulsión social de enorme trascendencia, un proceso de cambio social y personal comparable a algo como la Revolución Francesa, pero en la que únicamente participan dos personas.

Enamorarse, es efectivamente, es volverse un poco loco, no hallar fuera del bien centro y reposo, mostrarse alegre, triste, humilde, altivo… como decía Lope de Vega en su famoso soneto 126. Los cambios en la vida de los que se enamoran son muy evidentes, los recién enamorados se tocan y se piensan continuamente. A los enamorados les cuesta hasta respirar en esta primera fase y lo físico juega un papel determinante. Estoy seguro que sabes a lo que me estoy refiriendo

En este momento los defectos del otro pasan desapercibidos o no se quieren ver y únicamente se tiene en cuenta lo que nos une y gusta a los dos. En esta etapa se piensa y se vive como un equipo de confidentes que poco a poco desvelan sus secretos sin importarles nada más que el momento. Aquí el sexo tiene una importancia especial porque se explora un terreno novedoso y mágico al caer las barreras de lo íntimo.

Descubrir a la otra persona, conocerla y hacerla tuya es uno de los momentos más especiales de la vida, algo fascinante y misterioso que poderosamente nos atrae. 

Pero todavía no hay una pareja en sí. Que haya atracción física y que hayamos pasado algunas noches íntimas no significa que haya una pareja, aún nos hace falta compromiso y un proyecto en común. 

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Enamorarse es un movimiento, una pulsión social comparable incluso a la Revolución Francesa, pero en la que únicamente participan dos personas.

2. El vínculo afectivo: amistad

En esta segunda parte la pasión comienza a ralentizarse y empezamos a ser cada uno el que éramos. Comienza así una nueva forma de compañerismo: la amistad. Una famosa frase atribuida al novelista y dramaturgo español Antonio Gala, dice que el amor es amistad con momentos eróticos. Pues bien, en esta etapa es donde comienza la amistad y por lo tanto la oposición de los diferentes puntos de vista. En esta etapa se dan los primeros conflictos porque cada uno regresa a su rutina, poniéndose en relieve algunas diferencias básicas.

En esta etapa se ensayan las capacidades que cada uno tiene para resolver esos conflictos. Esto es de vital importancia para el futuro, pues las parejas con éxito no son las que no discuten sino las que saben resolver bien sus problemas.

Aquí es donde acontecen las presentaciones de amigos y familiares, donde por fin te presentan en sociedad porque eres invitado a la barbacoa o algún evento similar. Desde mi punto de vista es la etapa más importante en la formación de la pareja, porque en ella se establecen los vínculos personales, se aprende a respetar, se conoce al otro en su realidad más humilde y, sobre todo, es la etapa en la que se acepta tal y como es. También es el momento en el que surge la admiración y se perfila un posible futuro en común. 

Una pareja, no lo olvidemos, es la apuesta por un proyecto en común. Superar esta etapa supone ya un reto importante y la posibilidad de que esa pareja lo sea para muchos años o incluso para toda tu vida. Pero, por mi experiencia, también es una de las etapas en las que se dan más rupturas, sencillamente porque una vez desaparecida la pasión de los primeros meses, no se llega a entender la forma de ser del otro y por tanto la admiración no surge. Sobre este particular te recomiendo la lectura de El arte de amar, del también sociólogo Enrich Fromm.

En esta etapa ya se producen rupturas, rupturas poco dolorosas pero que tardan mucho en olvidarse porque se recuerdan cómo lo que pudo ser y no fue. 

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El amor es amistad con momentos eróticos. (Antonio Gala). 

3. Convivencia y adaptación

Pero llega un momento en el que no solo te apetece acostarte con tu pareja, sino también despertar junto a ella: ha llegado el momento de la convivencia. Convivir significa pagar facturas a medias, ocuparse del orden de la casa y también compartir los espacios y objetos más personales. La etapa anterior sirvió para aprender a resolver conflictos sencillos y ahora, compartiendo un mismo espacio, se crean nuevas situaciones a las que hay que adaptarse; me refiero a manías y gestos cotidianos de la otra persona que no conocíamos y que nos pueden sorprender o llegar incluso a enfadar.

Lo más importante de esta etapa es es que se define el modo en el que resolver los conflictos, conflictos que ha estas alturas ya pueden ser graves especialmente porque es el momento en el que aparecen los niños.

Es posible que, en esta etapa, cuando se llevan varios meses o un año de convivencia (incluso varios años), aparezcan las primeras dudas sobre la persona elegida. Para superarlo hay que saber escuchar y también saber comunicar. Si esto lo hacemos bien, aumentará exponencialmente la confianza (cuando vives con una persona tienes que confiar en ella) creándose vínculos mucho más estrechos. Pero a veces no ocurre así y nos encontramos con rupturas inesperadas que son difíciles de recuperar. 

4. Equilibrio entre el yo y el nosotros

En toda pareja llega un momento en el que uno necesita regresar al yo. Necesita volver con el grupo de amigos (que tiene un poco abandonado), volver a hacer deporte en soledad o simplemente estar en casa escuchando música.

Pero todo ello sin perder el vínculo con tu pareja. Es un momento de madurez de la relación en la que algunas cosas en que haces con tu pareja se vuelven monótonas y por lo tanto algo aburridas. La intensidad y la frecuencia de las relaciones sexuales ha disminuido, pero sigue habiendo pasión.

Ya sabes que el sexo es un perfecto termómetro para determinar si una relación funciona. En todo caso, no debe perderse nunca una especie de incógnita: una pequeña parcela siempre por descubrir, un reto por mantener viva la relación. No olvides que toda relación es la suma de una serie de fuerzas que se contrarrestan para seguir creciendo.

En esta etapa, otra vez hay que echar mano de la comunicación para explicar con asertividad que no todos los domingos te apetece ir a comer paella a casa de tus suegros, que de vez en cuando (acaso un domingo cada seis meses) podemos ir a otro sitio a comer sin que ello sea un perjuicio.

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No olvides que toda relación es la suma de una serie de fuerzas que se contrarrestan para seguir creciendo.

5. Continuidad (adaptación)

Llegados aquí podemos decir que somos ya una pareja sólida. Se entiende que una pareja es algo que nos gustaría conservar toda la vida, no se trata de acomodarse sin más; se trata de haber adquirido la capacidad de adaptarse a los obstáculos que necesariamente vendrán en la vida.

Las personas, como ya se ha dicho en algún otro lugar de este Blog y en el capítulo del Método K: Tres cosas interesante sobre los seres humanos no somos algo estático, sino que vamos cambiando con el tiempo. Lo que hoy nos importa mucho, mañana quizá ya no tanto. Lo que tiempo atrás supuso un reto y una necesidad, ahora quizá no lo sea tanto. Antes me gustaba salir a cenar los viernes y ahora prefiero quedarme en casa… etcétera, etcétera.

Todos esos cambios que se producirán en tu pareja (y en ti) darán lugar a discusiones; pues bien, en esta quinta etapa es donde habremos de dar un paso más y convertirnos en expertos en resolver conflictos. Una pareja es una carrera de obstáculos que corremos cogidos de la mano. Hay que aprender a correr y saltar juntos. Cuando veas que no corréis al mismo tiempo por mucho que lo intenteis es que hay un problema que solucionar y quizá debas pedir ayuda.

Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos

Os dejo, como colofón, la explicación de la antropóloga Helen Fisher sobre lo que ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos. No te lo pierdas.

 

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