CUANDO UNA RELACIÓN termina, lo que te pide el cuerpo es llenar de tu presencia el espacio de la otra persona: llamar, escribir, explicar y, en los casos más desesperados, suplicar. Sin embargo, lo mejor es aplicar la psicología de la indiferencia. En muchas ocasiones los seres humanos funcionamos de forma contraintuitiva. En este artículo, desglosamos por qué la indiferencia estratégica no es un juego de manipulación, sino la herramienta más poderosa para recuperar tu valor y, posiblemente, el interés de tu ex. Esto es la base del famoso contacto cero. ¿Por qué el silencio es más atractivo que las súplicas?
| CONTENIDO DE ESTE ARTÍCULO |
| 1. La psicología de la indiferencia comienza con la escasez
3. La diferencia entre suplicar y ser empáticos: no perder tu magnetismo personal |
1. La psicología de la indiferencia comienza con la escasez
En mis consultas lo veo con mucha frecuencia: personas que no son consientes de lo deteriorada que está su relación. Saben que las cosas no van bien, pero no son consciente de que todo pende de un hilo. El caso es que, de la noche a la mañana, se encuentran con que su pareja ha decidido poner fin a la relación y, lo que es peor, no aceptan esta situación.
En el capítulo del Método K «Aceptar la ruptura y definir tu situación actual», podrás verlo con detalle por qué aceptar la ruptura es el primer paso para recuperar la relación.
Si no aceptas la ruptura y tratas por todos los medios de convencer a tu pareja para seguir con la relación pensando que sin esa persona nada será igual; si no dejas de llamar o de enviar mensajes y suplicas en exceso te conviertes en un recurso infinito. Tu pareja sabe que estás ahí, a sólo un mensaje o una llamada de distancia, aceptando cualquier migaja de atención que te vaya a prestar.
En el artículo los «5 lenguajes del amor» podrás ver por qué la comunicación es tan importante en una relación de pareja.
En economía, así como en psicología evolutiva, el valor de un recurso está directamente relacionado con su disponibilidad.
Si por el contrario, comienzas a ser indiferente y aplicas el principio de la escasez (y la indiferencia) activas lo que en psicología viene llamándose el sesgo de pérdida, o dicho con otras palabras, el miedo a la pérdida. Esta acción fue estudiada en los años 70 del siglo pasado por el psicólogo norteamericano Daniel Kahneman, desarrollando la Teoría de las perspectivas con una amplia aplicación en economía y finanzas.
En lo que se refiere a una relación de pareja, el silencio crea un vacío que obliga a la otra persona a enfrentarse a la realidad de tu ausencia. Si no estás disponible, dejas de ser una certeza y te conviertes en un enigma; y a todo el mundo le atraen los enigmas.
El valor de un recurso está directamente relacionado con su disponibilidad.
2. El efecto sorpresa
Posiblemente tu ex tiene un guion mental de cómo vas a reaccionar tras la ruptura: te conoce bien (quizá es la persona que mejor te conoce). Por eso sabe que no lo vas a encajar bien y espera que estés triste algún tiempo (aunque esta no es su intención) y que después valides su decisión de dejar la relación. No significa que todas las personas tengan un guion mental de lo que va a ocurrir después dela ruptura, pero por mi experiencia diría que ocurre en un porcentaje alto: si has convivido estrechamente con alguien conoces sus puntos débiles.
Lo habitual es que nos obsesionemos (o al menos pensemos con más frecuencia) en aquello que no podemos predecir. Tu silencio rompe su esquema lógico y genera una duda inmediata: ¿Por qué no me está buscando? ¿Habrá conocido a alguien? ¿Realmente ya no le importo? Esa duda es la semilla de la nueva atracción.
El caso es que, si has insistido durante unos días para que te de una cita y puedas explicarte (o al menos pedirle perdón), pero tu ex se ha negado y de pronto dejas de insistir, dejas de estar presente, provocarás una interrupción del patrón, es decir, provocas una reacción, un proceso cognitivo, al hacer algo que no se esperaba.
Dicho con otras palabras, harás que tu ex piense en ti.
Que tu seguridad dependa de si estás o no con tu pareja te convierte en alguien poco magnético.
3. La diferencia entre suplicar y ser empáticos: no perder tu magnetismo personal
Existe una sutil diferencia entre suplicar y ser empático. Suplicar proyecta (y especialmente si la súplica es muy continua) una falta de autoestima y autonomía emocional. Si ruegas e imploras por los rincones como si la vida te fuera en ello, lo que haces es trasmitir una sensación poco magnética. Una cosa es ser atractivo y otra es ser magnético.
Vamos a pensar que gustas sexualmente a tu pareja, que le resultas atractivo o atractiva. Esa sensación ha pasado ahora a segundo plano, claro que le sigues gustando, pero tu ex está más pendiente de lo que ha vivido y está viviendo contigo. Ahora se trata de potenciar tu magnetismo personal, aunque sin descuidar el atractivo.
Si le dices a tu pareja que sin ella o él no serás feliz y no podrás enamorarte otra vez, en realidad le estás diciendo que tu seguridad emocional depende de otra persona, y esto te hace débil emocionalmente. Quizá tú piensas que es un gesto romántico, pero en realidad estás diciendo que no eres una persona autónoma, que en soledad no sabes estar en el mundo, y esto te hace poco magnético ¿no crees?
Piensa que nadie quiere estar con alguien que dice necesitar a otro para vivir. Es una responsabilidad muy alta, además de una pesada mochila, funcionar como salvavidas de tu pareja.
4. Recuperando el «locus de control interno»
En psicología cognitiva hay un concepto denominado «locus de control» que hacer referencia a lo que creemos que maneja nuestras vidas, es decir, donde está localizado el control de lo que ocurre.
Se habla de locus de control externo cuando creemos que otras personas (o entes, o conceptos) manejan las circunstancia de nuestra vida y así tienen la culpa de los que nos pasa; por ejemplo cuando creemos que hemos suspendido un examen por culpa del Karma o por mala suerte o por el destino, cuando en realidad es que no hemos estudiado lo suficiente.
El locus de control interno, por el contrario, es cuando una persona cree que lo que le pasa en su vida está bajo su control. Si he suspendido un examen posiblemente sea porque no estudié lo suficiente o no estudié lo que entraba en el examen, es decir, la responsabilidad es mía
Cuando has roto con tu pareja pasa lo mismo: debes recuperar el locus de control para entender que sólo tú tienes capacidad de cambiar o mejorar las cosas, y sobre todo, de preguntarte cómo puedes hacer para dar la vuelta a esa situación.
La psicología de la indiferencia es, en esencia, demostrar que tu felicidad no es negociable ni depende de la presencia de nadie.
Cuando eliges el silencio y dejas de insistir a tu pareja durante unas semanas, recuperas el mando de tu propia vida. Este cambio de energía es perceptible incluso a través de las redes sociales o amigos comunes. Una persona que retoma sus proyectos y mantiene un silencio digno proyecta valor (en el artículo «Valorarse a si mismo» puedes encontar más información sobre esto) .
5. Cómo aplicar la indiferencia sin parecer resentido
La clave para que la indiferencia sea atractiva es que sea natural, en otras palabras, que tu pareja no vea hostilidades. No se trata de bloquear de forma agresiva o publicar indirectas de despecho en las redes sociales, esto, por el contrario, te restará puntos.
Lo primero que debes pensar es que tu pareja no ha roto la relación por hacerte daño o por deseo de venganza, lo más probable es que necesite estar unas semanas sin ti y pensar con calma. Recuerda que es libre y no tiene que darte (ni siquiera) explicaciones de por qué quiere hacer esto. Por eso no puedes insistir demasiado y aplicar la indiferencia sin parecer resentido u hostil.
La verdadera indiferencia sería, por lo tanto, no reaccionar a sus estados o historias en Whatsapp o Instagram; y responder con cordialidad, pero con brevedad, si te contacta por algunas causa. Sobre este particular te recomiendo el artículo de este Blog «Mi ex se conecta mucho a WhatsApp» Recuerda que se trata de hablar sin recurrir a emociones: nada de «qué felices éramos» o «cuánto te echo de menos».
En resumen, podríamos decir que la psicología de la indiferencia propone dejar de estar disponible y aplicar el principio de escasez, aumentando tu valor y activando en tu ex el miedo a la pérdida. Esta estrategia rompe sus expectativas, generando curiosidad y recuperando tu magnetismo personal.








