PARA MUCHAS PERSONAS, el amor romántico no es solo un sentimiento, sino una forma rígida de entender las relaciones. Sin embargo, esta concepción puede producir heridas graves porque se basa en la necesidad del otro. Muchas canciones, novelas y un sinfín de películas presentan el amor como un absoluto que se convierte en una carencia vital si el otro falta. Pero, ¿hasta qué punto es esto saludable? Aquí desglosamos por qué debemos replantearnos este concepto de amor romántico.
| CONTENIDO DE ESTE ARTÍCULO |
| 1. La trampa de la fantasía
2. Lugares comunes del amor romántico 3. Amar sin asfixia: no te necesito para ser feliz |
1. La trampa de la fantasía
En las historias que vemos en el cine la gente hace cosas increíbles para recuperar a su pareja o para demostrar un amor incondicional. En las canciones se oyen frases como: «mi vida empieza cuando te conocí» o «muero de soledad si tu no estás». Bueno, esto puede estar bien para una película o para una novela, en general para entretenernos; pero no debemos trasladar ese mundo de fantasía a la vida real. La realidad es otra.
Spiderman salta de un edificio a otro y Superman es capaz de detener la caída de una avión a 900 kilómetros por hora; todos lo hemos visto cosas increíbles en el cine pero sabemos que es algo ficticio, algo inventado para entretener y divertir. Con el amor romántico de las películas, pasa lo mismo: no puedes creer que existe ese tipo de relación donde la ausencia del otro hace perder el sentido de la vida, una situación donde lo único importante es el amor y el resto no importa.
El amor romántico es una construcción social imaginaria
2. Lugares comunes del amor romántico
El amor romántico está sujeto por ciertos mitos (un mito es algo ajeno al tiempo) que hay que repensar. Por ejemplo, desde la creencia del amor romántico se piensa que la pareja es entrega absoluta, amor por encima de todo. El amor es importante, pero también son importantes tus proyectos personales y tu independencia. Entregarse al otro como si fueras su esclavo y esperar lo mismo, quizá funcione durante los primeros meses de relación, en la etapa del enamoramiento, después será complicado vivir con una persona que necesite una dedicación 24/7.
En este sentido, mucha gente piensa que su pareja tiene que saber lo que necesita sin pedirlo: «sólo por el hecho de quererme mi pareja tiene que saber lo que necesito en cada momento», me decía una persona en una consulta no hace mucho. Sin embargo, nadie es capaz de comunicarse telepáticamente y mucho menos adivinar qué necesita o quiere tu pareja en cada momento. La clave es aprender a comunicarte bien con tu pareja y no esperar que sepa lo que quieres, por muchos años que llevéis juntos.
Otro lugar común es el de los celos. Hay quién piensa que los celos son una prueba de amor: si tu pareja es celosa es porque te quiere. Pero los celos no tienen nada que ver con el amor, sino más bien con una baja autoestima. De todas formas, sentir celos de una forma muy moderada y sin consecuencias, no es un problema. El problema llega cuando no se gestiona bien esa emoción y comienzas a espiar los movimientos de tu pareja y a revisar las conversaciones que mantiene en su teléfono. Estaríamos hablando ya de un proceso de ruptura a causa de los celos, algo que es bastaste común.
Necesitar o pretender estar todo el tiempo con tu pareja también forma parte del universo romántico. Uno de mis coachees me decía lo bien que sentaban a su pareja los fines de semana en los que cada uno se iba con sus amigos. A la vuelta intercambiaban anécdotas y se alegraban de cultivar amistades y aficiones propias, que luego pueden compartir en pareja, pero siendo independientes. Tu pareja no es un absoluto en tu vida, es una parte más de ti, un complemento.
Los celos son la respuesta emocional del miedo a perder a tu pareja.
3. Amor sin asfixia: no te necesito para ser feliz
Sobre este último lugar común, el de pasar todo el tiempo con tu pareja, hay que reflexionar con más calma.
Lo primero es desmitificar esos versos melancólicos que sentencian «si tú no estás me muero». Aunque suenen poéticos en una balada romántica, en la práctica son una señal de alarma psicológica. Está muy bien amar a alguien con intensidad, pero es un error necesitarlo como si fuera el oxígeno para tus pulmones. Cuando tu seguridad personal, tu equilibrio y tu propia identidad quedan depositados en manos de otra persona, dejas de ser el capitán de tu vida para convertirte en un satélite emocional que solo brilla si el otro está cerca, y esto suele llevar a la ruptura con el tiempo porque te conviertes en una mochila, un peso para tu pareja.
Si los celos de tu pareja no te dejan ser tu mismo o tú misma, quizá no sea amor, sino propiedad.
Es fundamental recordar que una relación equilibrada se construye entre dos personas autónomas, no entre dos mitades que se necesitan desesperadamente para funcionar. Si tu felicidad depende exclusivamente de que el otro esté presente o te valide, el vínculo deja de ser un acto de libertad para convertirse en una cadena asfixiante.
A la larga, cargar a tu pareja con la responsabilidad de ser tu única fuente de bienestar genera una presión insoportable que, irónicamente, suele terminar alejando a la persona que tanto temes perder.
El amor verdadero no es una muleta donde apoyarse por incapacidad, sino un viaje compartido entre dos personas que ya saben caminar solas pero eligen hacerlo juntas.
4. El espacio personal en la pareja
Hablamos de esto en el artículo «Los 14 hábitos de una pareja con éxito».
Una pareja saludable es aquella a la que se quiere, pero no se necesita. Nuestra vida no puede agotarse en la relación; hay que mantener un espacio propio para ser nosotros mismos, para estudiar, hacer deporte, cultivar otras amistades y, en general, realizarnos y superarnos.
Conocí el caso de una pareja que no hacía absolutamente nada el uno sin el otro. Dio la circunstancia de que uno de ellos tuvo que salir del país por un asunto de trabajo, era militar y había sido destinado a Afganistán. El otro se quedó en el mundo, como me dijo «sin manos, sin ojos y sin pies». Fue un verdadero desastre para esta persona, ese año apenas salió de casa y no hacía mas que intentar llamar a su pareja.
Para evitar esto, debemos cultivar nuestras propias metas y aficiones, manteniendo viva nuestra identidad individual: no puedes dejar de fabricar tu propia seguridad. Sobre esto te recomiendo el libro El aprendiz de sabio, del psicólogo y pedagogo Bernabé Tierno.
5. Aceptar el devenir y el cambio
Sobre el amor romántico, es importante entender que la vida de una persona no es una fotografía estática, sino un devenir, un movimiento constante; un proyecto en perpetuo movimiento donde la única constante es, precisamente, la transformación.
A menudo cometemos el error de aferrarnos a nuestra pareja como si fuera una certeza inamovible o un puerto seguro contra todas las tormentas y avatares de la vida, pero la realidad es que las circunstancias, las prioridades y los propios individuos evolucionamos de manera inevitable. Intentar congelar una relación en el tiempo es como tratar de detener el cauce de un río con las manos: solo generará frustración y agotamiento.
Aprender a fluir con estos cambios (en lugar de resistirse a ellos) no solo nos hace más fuertes, sino que permite que el amor sea un espacio mucho más libre y auténtico, donde puedas desarrollarte como persona.
En el capítulo «Tres cosas interesantes sobre los seres humanos» del Método K, se habla de la importancia que tiene tu pareja para el libre desarrollo de tu persona.
Cuando dejas de proyectar tus miedos en la necesidad de que el otro sea tu «ancla» permanente, empiezas a disfrutar del presente sin el peso muerto de la ansiedad por el futuro. Al final del día, el desapego no significa amar menos, sino amar mejor, desde la soberanía emocional. Recuerda siempre esta premisa fundamental para tu salud mental: amar a tu pareja es un acto de generosidad estupendo, pero convertir ese amor en una necesidad vital es una decisión profundamente perjudicial.








